Desde hace ya unos años alterno mi vida laboral con dos tareas incompatibles; por un lado, la que me remunera un salario a cambio de los servicios que ofrezco a una pequeña pero motivada empresa del sector informático; y por otro mi gran pasión, la cerveza, por la cuál no solamente no obtengo remuneración alguna, sino que además absorbe parte de mi salario «estable», eso sí, es por la que obtengo más satisfacciones y motivaciones… motivaciones que en más de una ocasión son las que me han ayudado a echar «palante».

Es muy complejo, por no decir imposible, encontrar una fórmula que conecte los dos productos, fusionar estratégias comerciales que seguramente serían mucho más creativas combinando la obligación con la devoción.

Pués bién, en días pasados fuí invitado a la convención que una conocida marca de antivirus organizaba para dar a conocer un nuevo paquete de software. Para darle más atractivo al evento utilizaron como reclamo organizar, al término de la conferencia, una cata de cerveza con su correspondiente maridaje.

Obviamente omitiré comentarios sobre «malware y troyanos», el ciclo de preguntas apenas dió lugar a un par de cuestiones, y en una hora todo quedaba a la espera de iniciar la ceremonia que verdaderamente confirmó mi asistencia. Lowenbräu, Franziskaner, Krombacher y la Weihenstephaner Vitus fueron las elegidas para la cata que dirigió Eduard Bröll de Crusat, un viejo conocido de mis tiempos como «bârmân» en el barrio de Gracia, cuando intentaba educar a mis clientes en el consumo de cervezas belgas… en esa época Eduard era comercial de la ya desaparecida Glasvi. La soltura y las anécdotas de nuestro guía captaron rapidamente el interés de los asistentes, que de pronto se convirtieron en potenciales consumidores dispuestos a profundizar más allá de los refrescos de cerveza. Como era de esperar le llegó el turno a las cervezas artesanas, y la curiosidad de los presentes desembocó en un mar de preguntas, anotando recomendaciones que seguramente llevarán  a la práctica.

La cata se organizó a modo de juego, marcando en un formulario tipo test las principales características de las cervezas, espuma, color, aroma, cuerpo y amargor, todo ello sin entrar en descripciones técnicas, lo justo y necesario para dar un primer paso en la evolución de un bebedor de cerveza que quiera educarse y experimentar nuevas sensaciones… en definitiva, una dosis de cultura cervecera que a más de a uno le abrirá el paladar.

P.D. Intenté convercer a los representantes del software para que diseñaran un producto capaz de detectar cervezas contaminadas… pués bien, o no entendieron mi razonamiento, o me tomaron por loco… yo que creía haber encontrado la simbiosis entre mis dos mundos… 😛